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El cuaderno de Lincay

cuaderno 11 de 12

Dibujo de la fachada de la iglesia de Lincay
Nave de la iglesia de Lincay con bóveda de madera, arcos y columnas blancasColumnas blancas y bancas junto a muros amarillos, en la iglesia de LincayImagen religiosa de madera policromada con faja azul, en la iglesia de LincayMuro de tejuelas de madera de la iglesia de LincayTorre de la iglesia de Lincay vista desde lo alto, con el mar y los cultivos al fondoFachada de la iglesia de Lincay con su torre alta, junto a la calleVista aérea cenital del caserío de Lincay junto al marPuerta y arcos del pórtico de la iglesia de Lincay, con baranda blancaInterior de la iglesia de Lincay hacia la entrada, con el coro y la puerta azulEstructura de madera del entretecho de la iglesia de LincayLa iglesia de Lincay vista en diagonal, con techo rojo y torre altaVista aérea de la costa de Lincay con botes y líneas de cultivo en el mar1 / 12

Mañungo en Lincay

El cementerio de Lincay tiene una ubicación magnífica. Puede conversar con el mar. Es un rectángulo muy bien delineado, que no supera las dimensiones de la cancha de fútbol que está algunos metros más adentro.
En este rectángulo de silencio duermen todos plácidamente, rodeados de campos verdes y de la arena que hace mullida la playa.

En la cajita del silencio ya están todas las plazas ocupadas. Allí reposan los pasajeros del otro mundo, en esa especie de embarcación varada junto al océano. Han enmudecido para sentir las vibraciones del agua, mientras esperan el momento de zarpar.

La iglesia, que también mira hacia el mar, desde más lejos, tiene a su cargo acoger a los vivos dolientes y también a aquellos que se aferran a los latidos del mundo terrenal.

Mapa del archipiélago de Chiloé.


Retrato dibujado de Yanette Mansilla, de Puchilco

Yanette Mansilla

En Isla Lemuy tengo muchos amigos. Aquí todos se conocen bien y eso es muy valioso. Las calles en la isla no tienen nombre y las casas no tienen números y para no perderse es importante tener una buena guía.

Yannete Mansilla vive en Puqueldón y llegó a trabajar a la Biblioteca Pública Municipal número 209 en el año 1983. Conoce muy bien a todas las familias de la Isla. Por eso, no es raro que sepa dónde vive exactamente cada uno, dependiendo del apellido.

Yannete me cuenta que fue la familia Cárdenas Quezada la que revivió la fiesta de San Juan, ya que por muchos años esta tradición se había perdido.


Retrato dibujado de Alicia y Eliana, de Lincay

Alicia y Eliana

Con la compañia de Yannete logré conocer a la casa de las hermanas Mansilla Pérez, aquí en Lincay. Alicia y Eliana comparten el terreno y la casa que les dejó su madre Elba y desde entonces cuidan y trabajan con mucho esmero cada rincón. En esta casa aprendieron de pequeñas a vivir juntas y entienden lo que es compartirlo todo. Al unísono me cuentan como ha sido vivir durante los años que sucedieron a la muerte de su madre. Fue ella quien les enseñó cada una de las cosas que saben y que les permiten sobrevivir, con mucha autonomía, de todo lo que son capaces de producir en esta tierra.

Entre las cosas difíciles, lo más duro que les ha tocado vivir es el incendio del 26 de diciembre de 1981, cuando se les quemó la casa antigua y lo perdieron todo. Fue una destrucción total.

No puedo sino admirar a estas hermanas Mansilla.

Tan grande fue el impulso por no desmayar que Alicia completó la casa como la más diestra de las carpinteras. Fue capaz de entablar el piso y el cielo de la casa y luego terminar la techumbre. Siente que valió la pena, porque el trabajo tuvo su fruto. Es la casa que comparte ahora con Eliana.

Retrato enmarcado de una pareja sobre una pared verdePlantas protegidas por un plástico sobre un cajón, en un huerto de LincayUna mujer sonríe junto a una ventana, en la historia de Alicia y Eliana, en LincayEl mar de Lincay con cultivos visto a través de una ventana, sobre el jardínUna mujer camina por un jardín con el mar al fondo, en la historia de Alicia y Eliana, en LincayHuerto y jardín con plantas y un cerco de cuerdas, en LincayUna mano sostiene pequeños frutos anaranjados recién cosechados1 / 7

-No hay como mi Chiloé -dice Alicia, convencida de lo que dice, con emoción-. El legado de la madre es demasiado poderoso. Es como si se sintieran sus pasos en la casa, como si la vieran disfrutar de su vista preferida desde la ventana. Todo está allí. Todo la recuerda. Ella quedó viuda a los cuarenta y cinco años, con nueve hijos. Costaba vivir y mantener tantos niños. Ella lo hacía todo, todas las tareas. La recuerdo cortando la leña con el hacha, con una puntería perfecta.

-Hay veces que han llegado hombres a la puerta de nuestra casa. Incluso, nos han pedido matrimonio -me dice Eliana, entre risas-. Están interesados en lo que tenemos acá y esperan que los mantengamos, pero nosotras no estamos para mantener zánganos.

Se podría decir que todas las casas del archipiélago tienen rasgos comunes. Eso es verdad. Pero cuando uno se acerca lo suficiente, se da cuenta que en cada una se abre un universo gigantesco, distinto, lleno de sorpresas.

En el patio de las hermanas Mansilla hay todo tipo de plantas. Hay cultivos diversos que se presentan con un colorido vistoso y estimulante. La tierra está viva. Se expresa e invita a cultivarla. Con orgullo me muestra la enorme variedad de plantas y siembras. No se contentan con lo que saben, sino que están siempre buscando y experimentando con nuevas semillas. Hay arándanos, aloe vera, papas, ají, cilantro, estevia, lechuga, romero, zarzaparrilla. Cebollines para la cazuela de pescado con luche. Repollo ruibarbo, para hacer empanadas. Incluso, tiene uva para los días del verano.

El invernadero de Eliana Mancilla, Lincay

Retrato dibujado de Doña Ilia, de Lincay

Doña Ilia

La señora Ilia Mansilla es una mujer mayor, delgada, con una cara muy seria. Parece que estuviera molesta por algo. Pero no. Solo tiene cara de seria. Cuando uno se acerca a ella, es muy gentil. Es la persona que está a cargo de la iglesia de Lincay, ni más ni menos.

Las responsabilidades que tiene son variadas y hacen una lista muy extensa. La primera tarea es cuidar la llave. Conseguir permiso para entrar a la iglesia es a veces la parte más difícil de mi trabajo. Hay momentos que me toma varios días convencer a los encargados para que me dejen entrar, a pesar de que me conocen muy bien.

Hoy doña Illia está atrasada en sus tareas, por lo que no deja mucho tiempo para conversar.

Hace meses que la iglesia permanece cerrada. Todo está en desorden y el deterioro avanza.

Dibujo del corte longitudinal de la iglesia de Lincay en un cuaderno cuadriculado

Corte longitudinal Iglesia de Lincay

Iglesia de madera con techo de lámina roja y torre del reloj, rodeada de árboles y cielo claro.
Porche de madera blanca y barandillas, rodeado de plantas verdes con pequeñas flores blancas, en un día soleado.

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La grandeza de doce pequeñas iglesias

La fachadaEl paisajeEl conjuntoLa volumetríaEl pórticoLa pielLa torreLa estructuraEl coroLa bóveda interiorLas columnasLa imaginería