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El cuaderno de Quehui

cuaderno 9 de 12

Dibujo de la fachada de la iglesia de Quehui
Vista aérea del caserío de Quehui con la iglesia, los campos y el esteroFachada de la iglesia de Quehui con su torre alta y pórtico amarilloPórtico amarillo con arcos y puerta blanca, en la iglesia de QuehuiVista aérea cenital del caserío de Quehui y la costaVigas cruzadas de madera en el interior de la torre de la iglesia de QuehuiNave de la iglesia de Quehui con bóveda de madera, columnas blancas y bancas celestesColumnas blancas y celestes con cuadros del vía crucis, en la iglesia de QuehuiLa iglesia de Quehui con su torre alta, en una explanada de pastoTorre de la iglesia de Quehui vista desde lo alto, con el estero y el caseríoTejuelas de madera gastadas de la iglesia de QuehuiImagen de Jesús con túnica morada cargando la cruz, en la iglesia de QuehuiInterior de la iglesia de Quehui visto desde el coro, con la nave y el altar1 / 12

Mañungo en Quehui

Quehui es como un paraíso salvaje sobre el que se ha instalado encima un caserío que no alcanza para restarle encanto a su paisaje. En una tarde como hoy, el agua está tan quieta que es un verdadero espejo. Los pájaros revolotean encima de esa superficie. Da la impresión de que están observando su propio vuelo en el reflejo.

El agua y la tierra son amigas y se funden en los humedales. Me llena de alegría contemplar las aves en estos suelos fértiles.

Ahí están todos los verdes imaginables, los cafés, los ocres, los tonos más encendidos y los más opacos. Y el agua siempre metiéndose y abriéndose paso como si tuviera licencia para ir hasta donde le dé la gana.

Mapa del archipiélago de Chiloé.

Camino entre árboles altos con luz de tarde, en QuehuiCasa de madera junto al mar, con una vaca en el prado, en QuehuiLa orilla del estero de Quehui con marea baja y un bote varadoCultivo en hileras junto a un árbol solitario, en QuehuiCamino rural con cercos de madera y un volcán nevado al fondoCalle del pueblo de Quehui al anochecer, con casas y postes de luz1 / 6

Retrato dibujado de John Llanquin, de Quehui

John Llanquin

En isla Quehui la familia Llanquin ha comenzado su propia tradición como carpinteros de ribera. Madre, padre e hijos trabajan juntos la madera para dar forma a las más coloridas embarcaciones que navegan por el mar interior chilote. John es un joven carpintero y a pesar de que aún no termina la escuela, ya sabe todo lo que hay que saber sobre este oficio. Todo lo ha aprendido acompañando y viendo a su padre, don Cristian Llanquin. Trabaja junto a él, entre las pocas horas libres que le dejan las tareas y los estudios en el Liceo de Castro.

Aquí, en el astillero, el sonido de las olas y del viento es interrumpido solamente por el ruido de la motosierra.

John Llanquin sentado en un bote junto a una lancha en construcción, en la playa de QuehuiJohn Llanquin en un tractor rojo frente a una lancha en construcciónLancha verde en construcción en la playa de piedras de Quehui, con personas trabajandoJohn Llanquin amarra cuerdas junto a un tractor en la playaDos hombres trabajan con cuerdas bajo un cobertizo, en la historia de John Llanquin, en QuehuiJohn Llanquin de pie sobre una lancha varada en la orillaLancha de pasajeros navegando cerca de la costa de Quehui1 / 7

En el suelo hay varios trozos grandes de árboles añosos, esperando su destino. No sólo aquí, sino que en todo Chiloé la madera que se necesita para estas construcciones es escasa.

-Muy cara y muy escasa -me confirma John-. Para las piezas grandes, como las cuadernas o las quillas, usamos madera de la isla. Son troncos caídos de coigüe y roble que vamos a recoger a los bosques. Ahí es donde todo comienza. Hay que tener buen ojo para encontrar la forma justa. El resto, que son las tablas de arrayán o eucaliptus, llegan desde Quellón.

John me muestra el esqueleto de una de las embarcaciones. Ahí están las cuadernas, los cintones, la roda, el trancanil, la quilla, los baos, la varenga y la sobrequilla.

Me muestra un tubo metálico que está sobre el suelo, de unos treinta centímetros de diámetro, conectado a un generador de vapor, que es como una olla de presión.

Me va mostrando las partes y el trabajo de cada herramienta.

A John le gustaría quedarse aquí, haciendo este trabajo. Tiene vocación para eso. El enclave del taller es perfecto, al borde del mar, sobre una playa inmensa. Con otra ventaja: cuando él quiere, atraviesa la calle y llega a su casa, donde está su familia.

Mientras trabajan, encima de sus cabezas vuelan las gaviotas y se siente el viento. Entre los espinillos, los patos quetros les hacen compañía, al tiempo que, desde las lanchas pequeñas, hay hombres buceando en busca de almejas y cholgas, mar adentro.

Botadura de una embarcación en el astillero de Isla Quehui.

Como un punto en un tejido de lana gruesa, el puente sobre el estero Pindo impide que la isla se parta en dos. A veces pienso que Quehui está conformada, en realidad, por dos trozos grandes de tierra, separadas por un hilo creado por la marea que sube y baja, jugando a unir y a dividir todo lo que existe aquí. Los caminos interiores permiten que el tejido se extienda y llegue a todos los rincones. El agua hace lo suyo, pero, gracias al puente, la isla sigue siendo una sola.

Vista aérea del estero de Quehui con marea bajaVista aérea de la bahía de Quehui y las islas cercanasVista aérea del estero de Quehui con un puente y los campos1 / 3

Retrato dibujado de Doña Marta, de Quehui

Doña Marta

Doña Marta Ulloa está a cargo de la iglesia de Quehui. Le gusta lo que hace. Se conoce bien la historia. Cuando le digo que me muestre la iglesia, se alegra mucho. Es como si estuviera esperando que alguien se lo pida.

Con doña Marta recorro el interior de la iglesia. Relucen las columnas blancas sobre el entablado celeste de los muros laterales de la iglesia. En el centro del piso, la alfombra roja cruza todo el largo del templo, haciéndolo más señorial.

Arcos y columnas del pórtico de la iglesia de Quehui, vistos desde abajoCruz de madera y tumbas azules en el cementerio de QuehuiSendero entre árboles que lleva al mar, en QuehuiCruces del cementerio vistas a través de una ventana azul1 / 4

Doña Marta lleva mucho tiempo cuidando de la iglesia. Fue incluso Fiscala de Quehui. Como vive a pocos metros de la iglesia, ahora es la encargada de repicar las campanas cada vez que hace falta. Cuando alguien fallece es ella quien sube a la torre y hace sonar las campanas para que todos alrededor se den por enterados. Es importante para ella mantener esta tradición. Me dice que no le importa levantarse a la hora que sea para cumplir con su compromiso.

La iglesia de Quehui vista a través de una ventana de una casaUn cerco de alambre sobre una loma, con la torre de la iglesia de Quehui a lo lejosUna lancha varada en la playa, con la torre de la iglesia de Quehui al fondo

~ abrir los 12 cuadernos

La grandeza de doce pequeñas iglesias

La fachadaEl paisajeEl conjuntoLa volumetríaEl pórticoLa pielLa torreLa estructuraEl coroLa bóveda interiorLas columnasLa imaginería