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El cuaderno de Chullec

cuaderno 4 de 12

Dibujo de la fachada de la iglesia de Chullec
Fachada de la iglesia de Chullec con su torre y puertas rojasPuerta roja y muro de tejuelas del frontis de la iglesia de ChullecVista aérea de la costa de Chullec con el caserío y el marVista aérea cenital del caserío de Chullec, con caminos y potrerosTorre de la iglesia de Chullec vista desde lo alto, con el mar al fondoEscalera y vigas de madera en el interior de la torre de la iglesia de ChullecImagen de la Virgen con corona y vestido amarillo, con el Niño en brazos, en la iglesia de ChullecNave de la iglesia de Chullec con muros celestes, cielo blanco y alfombra rojaColumnas celestes y blancas con adornos colgantes, en el interior de la iglesia de ChullecInterior de la iglesia de Chullec hacia la entrada, con el coro en altura y la puerta rojaLa iglesia de Chullec vista en diagonal, con su torre, techo rojo y puertas rojasTejuelas de madera sueltas bajo una ventana, en el muro de la iglesia de Chullec1 / 12

Mañungo en Chullec

En días como hoy lleno mis pulmones de aire de mar y todos mis sentidos están allí, porque la vida se adentra en el cuerpo. Es tiempo de pájaros migrantes que sobrevuelan la superficie en una danza jolgoriosa que remueve la mansedumbre costera. Hay cien, quinientos, miles de ellos.

A la iglesia de Chullec la tratan amorosamente. Siempre los vecinos están haciéndole arreglos, aunque los recursos escaseen. Aquí lo que importa es que el templo luzca bien y, además, que funcione sin problemas. Me toca venir seguido por acá, porque siempre me consideran en los trabajos. En los últimos años me ha tocado arreglar el techo y ayudar en la pintura del interior de la nave. Cuando me preguntaron por los colores, estuve de acuerdo que fueran celeste y blanco, porque así resaltan mejor las imágenes y también la alfombra roja que conduce hasta el altar.

Mapa del archipiélago de Chiloé


Hace muy poco fui parte de una minga que se organizó para el cambio de tejuelas de una cara lateral de la iglesia. He estado en muchas mingas, pero cada una tiene un sabor especial. A uno lo tratan tan bien que no queda más remedio que entregarse por entero a la causa. Me acuerdo que me pasé horas y horas colocando tejuelas y no sentía el cansancio. La lluvia que se dejó caer en la tarde servía para mantenernos despiertos. Como que nos devolvía la energía perdida. Y después, la celebración, la alegría del deber cumplido.

Dibujo del corte longitudinal de la iglesia de Chullec en un cuaderno cuadriculado

Corte longitudinal. Iglesia Chullec.

Bandada de aves en la orilla de Chullec con marea baja (secuencia, foto 1 de 12)Bandada de aves en la orilla de Chullec con marea baja (secuencia, foto 2 de 12)Bandada de aves en la orilla de Chullec con marea baja (secuencia, foto 3 de 12)Bandada de aves en la orilla de Chullec con marea baja (secuencia, foto 4 de 12)Bandada de aves en la orilla de Chullec con marea baja (secuencia, foto 5 de 12)Bandada de aves en la orilla de Chullec con marea baja (secuencia, foto 6 de 12)Bandada de aves en la orilla de Chullec con marea baja (secuencia, foto 7 de 12)Bandada de aves en la orilla de Chullec con marea baja (secuencia, foto 8 de 12)Bandada de aves en la orilla de Chullec con marea baja (secuencia, foto 9 de 12)Bandada de aves en la orilla de Chullec con marea baja (secuencia, foto 10 de 12)Bandada de aves en la orilla de Chullec con marea baja (secuencia, foto 11 de 12)Bandada de aves en la orilla de Chullec con marea baja (secuencia, foto 12 de 12)Aves levantando el vuelo sobre la orilla de Chullec

Los viajes que he hecho a todos estos lugares me han dejado valiosas enseñanzas. Algo que he aprendido en ellos es que a la naturaleza hay que prestarle mucha atención. Me conmueven los zarapitos, que sólo vienen por una temporada corta cada año. Cuando me toca coincidir con ellos para mí es como una fiesta. Pero es difícil acercarse a ellos sin que se escapen. Están siempre vigilantes y parece que son muy desconfiados.

Los zarapitos llegan hasta Chullec como a su casa. Todos los años repiten esos viajes, que significan muchas horas de vuelo. Como los más avezados pilotos de un avión, estas aves vuelan entremedio de nubes, tormentas y también bajo el sol que castiga muy fuerte. Siempre que veo un zarapito me quedo contemplándolo para ver dónde están sus fortalezas. ¿Cómo ese frágil cuerpo es capaz de remontar la altura y llegar tan lejos?

La marea baja de Chullec vista a través de una ventana, en blanco y negro
Una iglesia de madera antigua junto a un lago con reflejo de la estructura y un fondo de colinas y árboles
Vista de un cuerpo de agua con un cielo parcialmente nublado y una cerca en primer plano.

El poblado de Chullec es pequeñito y uno podría decir que todo se recorre en pocos minutos caminando. Pero recorrerlo así es no conocer nada. Es solamente observar lo que se presenta ante los ojos, desconociendo lo que hay detrás de cada una de las casas sembradas en este territorio tan distante. Son unas cuantas familias. ¿Para qué más? -me pregunto.

Los que están en Chullec quieren estar en Chullec. No habría otra explicación. Necesitan demasiado poco para ser felices. Distinto es el caso de quienes llegan para aprovechar los recursos del poblado, hacer su negocio y luego partir, dejando detrás solamente una estela de malas vibraciones. Se llevan del mar las especies y a cambio dejan desperdicios, desechos, basuras.

Casa de tejuelas en un potrero con el mar al fondo, en ChullecCasa de tejuelas entre potreros frente al mar, vista desde lo altoVista cenital de una casa de tejuelas y su huerto, en ChullecCasa de dos aguas cubierta de tejuelas, rodeada de pasto y árboles, en ChullecCasa de tejuelas con su cerco y el jardín, en ChullecUna casa de tejuelas a lo lejos, entre potreros y el mar, en Chullec

Retrato dibujado de Doña Berta y don Bernardo, de Chullec

Doña Berta y don Bernardo

Don Bernardo Oyarzún y doña Berta Torres han estado toda una vida en Chullec. Habitando esta misma casa, que ha cambiado tanto como ellos. Antes estaba en otro sitio, pocos metros más arriba. Pero al casarse decidieron moverla. Fue una tarea difícil, tanto como imaginarse a mujeres, hombres y animales empujando este tremendo edificio.

Desde aquí han sido testigos y protagonistas de todo lo que ha sucedido en los últimos años en la Isla. Entre las muchas historias que les gusta contar, recuerdan que a ellos les tocó vivir el terremoto del 60 aquí en Chullec y se acuerdan con detalle de los peores momentos que pasaron durante el sismo. Especialmente se les viene a la memoria cómo se rehicieron, cómo entre los dos pudieron ir reconstituyendo la vida junto a sus familias y vecinos.

La naturaleza tardó mucho más que nosotros en reacomodarse -me dicen.

Retratos familiares enmarcados en la pared de una casa de Chullec
Don Bernardo trabaja junto a una piedra de molino, en blanco y negro

Molino de don Bernardo, año 2008

Desde la ventana de la cocina, en lo alto, son muy evidentes los cambios que ha experimentado la costa y el humedal. Lo que antes uno tenía delante de los ojos hoy ya no es evidente. Chullec ha cambiado mucho. No sólo su geografía es distinta cada día, sino que también la forma en que sus vecinos superan las labores cotidianas.

Los observo como disfrutan de mis dibujos y leen las notas escritas por los bordes. Entremedio, las historias.

Se miran y sonríen.

Luego de verse retratados entre el desorden de mis viajes, nos reímos un momento y nos ponemos a hablar del presente de Chullec.

Doña Berta y don Bernardo de pie frente a su casa de tejuelas, en ChullecMesa con mantel a cuadros, tazas y pan, junto a la ventanaInterior de una casa visto a través de un vidrio, en blanco y negroVentana con cortinas y el mar al fondo, en una casa de ChullecDoña Berta y don Bernardo conversan sentados en una banca, con el mar al fondo1 / 5

-En estos tiempos ya no se ven yuntas de bueyes -dice don Bernardo-. Ahora aparecieron unas máquinas, enormes máquinas amarillas que arrastran piedras, que emparejan el suelo, que hacen hoyos. Uno no se da ni cuenta y en una semana ya tienen los galpones levantados. En mis tiempos una tarea simple, como ampliar una cocina o construir una bodega, podía tomarnos semanas. Más aún si el tiempo no nos acompañaba.

Me mira, seria.

Y continúa:

Don Bernardo sonríe, asintiendo con un aire de melancolía.

Un recorrido por el interior de la casa junto a don Bernardo.

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los 12 atributos de las 12 iglesias

La fachadaEl paisajeEl conjuntoLa volumetríaEl pórticoLa pielLa torreLa estructuraEl coroLa bóveda interiorLas columnasLa imaginería